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Historia

El Doctor Honoris Causa Néstor Juan Soto Godoy, cuyo grado en Teología y Filosofía fue conferido por la Universidad de Shepherd, Los Angeles, Estados Unidos, por su aporte a la humanidad, trabajó desde muy joven en dos movimientos internacionales que buscaban ayudar a los adolescentes. Fue una labor profunda, de apoyo a quienes vivían fuertes conflictos, incluso dificultades y complicaciones con drogas, entre otras cosas. En la práctica se ayudaba a los jóvenes y ellos alcanzaban un grado importante de estabilidad tanto emocional como espiritual. Sin embargo, al regresar a sus hogares todo lo construido se arruinaba, pues sus familias se encontraban en constante crisis.

 

Es así como se propuso crear la fundación “La Familia, Hay una Esperanza”, ya que en sus palabras “...ayudar a la familia es ayudar a la siguiente generación, pues aquella constituye el lugar donde los jóvenes crecen, donde sufren o tienen paz, encuentran amor o donde no lo reciben, y finalmente viven...”.

Bajo esta inspiración, desde 1986 nos abocamos a colaborar en la restauración de los valores de la familia y comenzamos una serie de jornadas de reflexión que denominamos “Seminarios de la Familia”. Después de varios años de experiencia y de la voluntaria contribución de quienes están agradecidos de lo que recibieron, programamos anualmente una nueva jornada denominada “La Familia, Hay una Esperanza”.

 

Tal fue su convocatoria, que aquel nombre fue el escogido para la fundación que desde hace varios años es la encargada de organizar los seminarios, actualmente bajo la presidencia de María Teresa Chomali, quien fuera empresaria en el pasado y en la actualidad está dedicada a esta labor de altruismo y esperanza.

En el primer evento, en los salones del Club Providencia, en Santiago, tuvimos una participación de aproximadamente veinte matrimonios y personas solteras. En la actualidad colaboran muchos matrimonios que han sido ayudados en la reconciliación de sus hogares y la participación ha llegado a  entre 400 y 500 personas. Esta tarea también la hemos extendido a las regiones de Chile y a países de América Latina y Estados Unidos.

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Lo valioso de este trabajo espiritual se centra en la ayuda en consejería y orientación familiar, sobre la base de los principios espirituales que Dios dejó a la humanidad. Nuestra fundación es de carácter ecuménico y ha fundado su trabajo en las Sagradas Escrituras, base de esta contribución filosófica para la familia.

A continuación, un extracto del análisis realizado por el fundador de “La Familia, Hay una Esperanza”, Doctor H. C. Néstor Soto Godoy, sobre la realidad de esta célula básica de la sociedad en el siglo XXI y la labor de nuestra institución.

Familias sin esperanza

Nuestra sociedad está atravesando una de las crisis más serias por una especie de enfermedad incurable, que se refleja en una enorme falta de amor. ‘Esperanza’ es una palabra que prácticamente ha desaparecido de nuestro vocabulario cotidiano, y la sociedad está sumida en gran medida en la depresión moral, emocional, espiritual y psicológica precisamente por falta de esperanza.

 

La ausencia de ella genera una perspectiva oscura del futuro en el horizonte de las personas, porque otras cosas la han desplazado como alternativa práctica, tomando el camino fácil del divorcio y, en consecuencia, la destrucción del hogar.

La esperanza es un principio universal de grandes proporciones, para quienes optan por encontrar en ella lo que Dios promete a hombres y mujeres que hallan, por la vía de la fe, la actitud positiva y la conducta consecuente, el bien del hogar y de la siguiente generación.